Dios,
No te voy a pedir
lo que todos te pide,
porque, seguramente,
de eso no te queda nada.
No te voy a pedir
la tranquilidad del alma,
ni la del cuerpo,
ni siquiera la fortuna
y tampoco la salud.
Eso te lo piden tantos
que seguramente no te queda nada.
A mí dame lo que te sobra,
lo que se te rechaza,
yo quiero la intranquilidad
y la tormenta.
La insatisfacción y la pelea,
y dámela para siempre,
que yo esté seguro de tenerlas para siempre,
porque no siempre tendré el coraje
de pedírtelo de nuevo.
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